¡Hasta que la muerte nos separe! Causales de divorcio: una legislación obsoleta.

De conformidad con nuestro ordenamiento jurídico, el matrimonio es un contrato solemne en virtud del cual dos personas se unen con el fin de vivir juntos y auxiliarse mutuamente,

¡Hasta que la muerte nos separe! Causales de divorcio: una legislación obsoleta.

De conformidad con nuestro ordenamiento jurídico, el matrimonio es un contrato solemne en virtud del cual dos personas se unen con el fin de vivir juntos y auxiliarse mutuamente, contrato que, aunque en principio es una expresión del libre desarrollo de la personalidad, solo puede terminarse en virtud de las nueve causales que establece el artículo 154 del Código Civil.

 

Son justamente las causales de divorcio las protagonistas del presente escrito, pues desde ya señalamos que, a pesar de las modificaciones que ha sufrido el mencionado artículo 154, (inicialmente por la Ley 1ª de 1976, luego por la Ley 25 de   1992 y, finalmente, por la jurisprudencia constitucional), varias de estas son obsoletas y carecen de sentido práctico y jurídico.

 

Producto de creencias religiosas y paradigmas culturales, se generó la idea de que el matrimonio debe ser “hasta que la muerte los separe”, implementándose en las diferentes legislaciones, causales de divorcio que parecieran tener por objeto y que, sin duda, tenían como efecto obligar a las personas a permanecer casadas hasta el último día de sus vidas, aun en contra de su voluntad, y así cumplir con la idea de estabilidad y perdurabilidad que se ha suscitado alrededor de la institución del matrimonio.

Nuestro Código Civil es, precisamente, una de esas legislaciones que consagra causales taxativas para poder acceder a la figura del divorcio. Actualmente, tales causales son:

  • las relaciones sexuales extramatrimoniales de uno de los cónyuges;
  • el grave e injustificado incumplimiento por parte de alguno de los cónyuges de los deberes que la ley les impone como tales y como padres;
  • Los ultrajes, el trato cruel y los maltratamientos de obra;
  • la embriaguez habitual de uno de los cónyuges;
  • el uso habitual de sustancias alucinógenas o estupefacientes;
  • toda enfermedad o anormalidad grave e incurable, física o síquica, de uno de los cónyuges, que ponga en peligro la salud mental o física del otro cónyuge e imposibilite la comunidad matrimonial;
  • toda conducta de uno de los cónyuges tendientes a corromper o pervertir al otro, a un descendiente, o a personas que estén a su cuidado y convivan bajo el mismo techo;
  • la separación de cuerpos, judicial o de hecho, que haya perdurado por más de dos años, y
  • el consentimiento de ambos cónyuges manifestado ante juez competente (trámite que hoy se puede adelantar en notarías) y reconocido mediante sentencia.